La española "Estigmas" recibe el primer "pateo" de la Seminci

por © J.A. (Valladolid)-NOTICINE.com
Nour-Eddine Lakhmari
Nour-Eddine Lakhmari
Mal ha empezado su carrera el director valenciano Adán Aliaga, cuya opera primera, "Estigmas", adaptación libre de una novela gráfica italiana sobre un forzudo e inexpresivo expresidiario (el campeón de lanzamiento de peso español Manuel Martínez) al que sin motivo aparente le salen llagas en las manos, fue recibida este lunes con un "pateo" por los matinales espectadores de la Seminci de Valladolid, donde las cintas "Casanegra", "Amreeka" y "Pequeña soldado" resultaban mejor tratadas.

"Estigmas", rodada en una cuidada fotografía en blanco y negro que acentúa el tremendismo de algunas imágenes y contribuye a su apariencia definitivamente antigua, de cine de autor inspirado por las cintas que en los 50 hacían Buñuel o Bergman (ojo, sólo en su estética...), plantea muchas dudas.

La primera y fundamental es que encontró de interesante en el comic originario para querer convertirlo en película, suponiendo que fuera más o menos fiel a su historia, que en pantalla es la de un ex presidiario, alcohólico y con una existencia solitaria, miserable y humillante, al que después de unos sueños le aparecen -sin que previamente mostrara el menor interés por la religión o lo místico- unas llagas en las manos. Con ellas de vez en cuando hace lo que dicen son milagros, aunque de manera tangencial a la historia. Cuando se casa con una chica de una feria ambulante en la que se ha refugiado, por fin los estigmas desaparecen, lo que provoca el disgusto de los feriantes que le estaban sacando frutos a sus supuestas curaciones. Por el conflicto subsiguiente el forzudo y su joven esposa se van, pero una riada arrastra su caravana y con ella la vida de la chica. Mejor no les rebelo el final, pero tampoco tiene ningún sentido especial.

¿Aparte de sus filigranas visuales, sábe Aliaga lo que quiere contar? ¿Cree que su historia puede tener algún interés en un público? Imaginando que eso pudiera preocuparle, y que la respuesta a la segunda pregunta sea positiva, hay que sentir lástima por su candidez. "Estigmas" es lenta, árida y Manuel Martínez es un excelente atleta pero un actor aún más inexpresivo que su personaje, que cuando se esfuerza en declamar (por suerte el guión le aporta pocas obligaciones en ese sentido) o manifestar algún tipo de sentimiento, se ponen aún más de manifiesto sus carencias.

"Casanegra", del marroquí afincado en Escandinavia Nour-Eddine Lakhmari, ha despertado bastante más interés. Se trata de un "thriller" social sobre dos jóvenes buscavidas de Casablanca, amigos desde la infancia, uno de los cuales sueña con emigrar a Europa, y que parecen disponer de la oportunidad de realizar por encargo un "trabajo" delictivo que puede hacer realidad sus sueños.

Lakhmari imprime ritmo a su historia, a ratos vitalista y otras dura, pero que despega gracias a la picardía de sus jóvenes protagonistas, que según contó en rueda de prensa aquí en Valladolid eran intérpretes amateurs pero ahora se han convertido en estrellas gracias a la popularidad de su cinta, la cual ha logrado a pesar de las dificultades de salida del cine magrebí fuera de sus fronteras culturales distribución en numerosos países, incluída España. El cineasta, nativo de esa Casablanca convertida -afirma- por la desidia de las autoridades y la voracidad de los inmobiliarios en "Casanegra", considera su ciudad como la tercera protagonista principal de su cinta.

Algo más friamente se recibió a la danesa "Pequeña soldado", ya vista en la última Berlinale. La cinta danesa de Annette K. Olesen cuenta la relación de amistad que se crea entre una ex soldado que ha regresado de una misión en el golfo, y la "novia" de su padre, metido en negocios de prostitución y proxenetismo, de la que éste le encarga ser su conductora y en última instancia su guardaespaldas.

Por su parte, la norteamericana independiente "Amreeka", de Cherien Dabis, ha gustado sobre todo a quienes disfrutan, después de contemplar las miserias y desgracias humanas, con los finales felices, algo que no abunda por cierto en la selección de este año en la Seminci. Se trata de la aventura vital de una palestina que aprovecha la oportunidad de emigrar a Estados Unidos para reunirse con su hermana, allí residente desde hace años, pero lo que se encuentra inicialmente no es el sueño que acariciaba. Ella, mujer de mediana edad, con un hijo adolescente y buena formación, que trabajaba en un banco de Palestina, acaba limpiando suelos en un país donde todo el mundo la mira con el rabillo del ojo por su aspecto árabe.