Cannes: "Melancholia" destruye el mundo y Von Trier se autodestruye

por © E.E. (Cannes)-NOTICINE.com
Von Trier, entre Dunst y Gainsbourg
Von Trier, entre Dunst y Gainsbourg (AFP)



Para festivales como el de Cannes habría que acuñar una derivada de la expresión francesa "Epater les bourgeois" (Escandalizar a los burgueses), que sería "Epater les intellectuels" (o a los que gustan de considerarse como tales). Este miércoles, desde luego, Lars Von Trier se ha puesto a ello con un empeño digno de mejor causa, autocalificándose varias veces de nazi en su rueda de prensa, y relacionando el hecho de tener raíces alemanas con simpatizar con Hitler, nada más y nada menos. Lo ha hecho en rueda de prensa, tras proyectarse con buena acogida su "Melancholia", una crónica familiar en preludio del fin del mundo.

"Melancholia" es lo que destruye nuestro planeta, el nombre que el iconoclasta danés le ha puesto a otro planeta que choca con el nuestro, aniquilándolo. Una metáfora bastante, obvia, como la melancolía o depresión es lo que acaba con la felicidad de una recién casada (Kirsten Dunst), que se arrepiente de su paso al poco de decir que sí a la propuesta de boda de su novio.

La nueva cinta del autor de "Los idiotas" y "Anticristo" es posiblemente la más cara de su carrera, una inversión que se ha ido en buena medida a los efectos digitales dignos de una millonaria superproducción de Hollywood, y a un ecléctico reparto estelar en el que repite la protagonista de su cinta anterior, Charlotte Gainsbourg, junto a Kirsten Dunst, Kiefer Sutherland, Stellan y Alexander Skaarsgard, John Hurt y Charlotte Rampling.

A Von Trier se le pueden discutir muchas cosas, pero no que no sea capaz de sacar lo mejor de cada actor, y aquí de nuevo lo hace. La moraleja de "Melancholia" es que perdemos el tiempo y la cabeza por pequeños detalles en realidad intrascendentes, fruto de nuestras debilidades humanas, y en cambio nos despreocupamos por lo realmente importante.

Posiblemente haya en la Justine de su nuevo trabajo mucho del propio guionista-director-productor, que ha vuelto a contar con euros franceses y alemanes para hacer realidad esta nueva presencia en Cannes, su certamen más fiel. Como la protagonista de "Melancholia", él también ha pasado por la depresión y el desencanto, así que sabe muy bien de lo que habla.

No es desdeñable que la provocación y un sentido del humor muy "destroyer" le hayan ayudado a aceptar su vida, pero en la rueda de prensa posterior a la proyección ha logrado rizar el rizo, con sucesivas frases a la simple pregunta sobre sus antepasados alemanes, que primero hicieron reir pero luego indignaron a más de uno, según iban reiterando y acumulándose. Hasta sus actrices se han asustado de oirle expresar sus simpatías nazis.

A modo de resumen, he aquí algunas de esas "antológicas" sentencias del danés, que de paso ha exhibido sus nudillos tatuados o pintados con las letras "F.U.C.K" (Joder): "Entiendo a Hitler. Creo que hizo cosas malas, sí, absolutamente, pero me lo imagino sentado en su búnker. Sólo digo que entiendo al hombre. En realidad no es un buen tipo, pero comprendo mucho de él y me solidarizo un poco con algunas de sus ideas. Por supuesto no estoy a favor de la II Guerra Mundial, y no estoy en contra de los judíos. Simpatizo con ellos, claro, pero no demasiado, porque Israel es realmente como un grano en el culo...".

Si lo que pretendía era escandalizar o provocar aún mayor atención hacia su película, lo ha logrado, sin duda. Nunca ha sido Von Trier el rey de lo politicamente correcto, así que de él se puede esperar cualquier cosa, pero muchos no sintonizan precisamente con esta parte de su personalidad. Vale, no hablaba en serio... pero...

El caso es que ante la amplitud del escándalo que provocaron sus palabras, el cineasta danés se vió obligado a horas después a emitir un comunicado, a petición del festival, en el que dice: "Si he herido a alguien con las palabras que dije esta mañana en la conferencia de prensa, me disculpo sinceramente. No soy antisemita ni tengo prejuicios raciales de ninguna clase ni soy un nazi".

La jornada se completó con la esteticista nueva cinta de Naomi Kawase, "Hanezy no tsuki", un retrato de la vida rural en un idílico lugar de Japón, con la belleza de la naturaleza enfrentada a las contradicciones del mundo moderno.

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