Crítica: "El gato desaparece", tu locura

'El gato desaparece'
'El gato desaparece'
Por Juan Pablo Russo

Carlos Sorín ("Historias mínimas", 2002) estuvo abocado a la creación de un cine de pequeñas historias con una fuerte impronta narrativa en donde lo humano prevalecía por sobre el efectismo. Tras "La Ventana" (2009) se sumerge en una película de género pero sin perder esas características que hicieron de su obra una marca personal.

Luis acaba de salir del neuropsiquiátrico donde se encontraba internado para volver a la casona que comparte con Beatriz, su mujer. Todo parece marchar sobre ruedas hasta que luego de un extraño episodio el gato desaparece.

La visión de Beatriz sobre el estado de su esposo es en donde se anclará la trama central de "El gato desaparece" (2010), siendo el principal motor del suspenso que genera la historia. Con mínimos elementos y una fuerte carga dramática puesta en la construcción de los personajes, Sorín imprime misterio a través del fuera de campo, el desencuadre y el pensamiento de Beatriz.

Hay un fuerte crescendo dramático en la narración y que por ende desemboca en los personajes. Tanto Luis Luque como Beatriz Spelzini entregan dos composiciones increíblemente extraordinarias, llenas de matices y evitando caer en el cliché al que se suele recurrir para referirse a la locura.

Como en toda película de suspenso, la música juega un rol esencial y "El gato desaparece" no será la excepción a la regla aunque hay que destacar que no será el motor para que funcione, sino una compañía que aparecerá en los momentos necesarios.

Sorín evade la obviedad y nos sumerge en una película de género con la maestría que sólo los grandes directores pueden hacerlo, con la sencillez característica de un cine que se destaca por contar historias y la inteligencia de un director que se permite hacerlo bien.

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